
Marcos Romero sacrificó todo por sus hermanos Daniel y Laura. Ya con cáncer terminal, recuperó 860.000 que le debían. Fingió ser pobre para probarlos, pero ellos lo abandonaron. Solo lo acogió Elena Vargas, una joven a quien él había ayudado. Agradecido, la nombró su única heredera. Al enterarse, sus hermanos corrieron al hospital. ¿Llegaron para pedir perdón o para silenciarlo para siempre?











