
Lucía Vargas cuidó de su padre enfermo durante tres años. Solo recibió una casa vieja. Su esposo la abandonó por eso. Siguiendo el testamento de su padre, rompió la pared y encontró una caja de oro. Con ese dinero, compró la fábrica donde trabajaba. En la reunión de la empresa, su ex esposo la humilló sin saber que ella era la nueva dueña. Ella lo despidió frente a todos. Con el tiempo, construyó su propio imperio y encontró el amor verdadero.











