Lucía ayudó a su esposo Julio Rivas a crear un imperio, pero él la ignoraba. Cuando faltó a su exposición por Vanesa Ríos, ella tramitó el divorcio sin que él lo leyera y huyó a Oregón, embarazada. Julio la siguió, pero ella lo rechazó. Para cambiar, renunció como CEO y se quedó en el pueblo. Un año después, su hijo enfermó y volvieron a acercarse. Juntos construyen un estudio y una nueva oportunidad.











