
Catalina Mendoza, reina fundadora, murió en batalla. Sesenta años después, su alma despertó en una sirvienta. Reencontró a su hijo, el emperador Héctor. Con su lanza y secretos, entrenó a sus nietos, enfrentó corruptos y salvó al pueblo. En un banquete impresionó al Príncipe del Sur. Rechazó a un joven hechicero y se quedó como "abuela" para proteger el imperio.











