Cuando el trigal de la aldea ardió, ella arriesgó su cosechadora para detener el fuego. Pero el alcalde la culpó por las pérdidas y le exigió una fortuna. Al negarse a pagar, él y los aldeanos destrozaron su única herramienta. Ahora, un segundo incendio ha estallado y el alcalde vuelve a su puerta. ¿Cómo piensa que va a ayudarle esta vez?











