Isabella Ortega fue obligada a cambiar su rostro por el de la superestrella Lucía Reyes, transformándose de una chica común en una celebridad instantánea, algo que al principio le resultó inaceptable. Mientras arriesgaba ser descubierta, conoció a su ídolo, Santiago Fernández. En su interacción con él, poco a poco se sintió atraída, y para su sorpresa, él también correspondió a sus sentimientos. Así, una dulce y romántica trama de idols con identidades intercambiadas comenzó a desarrollarse.