
Tras descubrir que podía hablar con los animales, Luci Romero se enteró por su gato Mochi y su hámster Pipa de que su vecino, Daniel Molina, era un asesino. Pero al denunciarlo, él la incriminó y la policía no le creyó. Pronto, el caso la involucró en una red de tráfico de órganos del Director Blanco. Se alió con el detective Carlos Santos y sus mascotas para exponer la verdad y limpiar su nombre.











