
Al morir su padre, su madre le dio la herencia a su hermano Diego Morales, dejando a Natalia Morales solo un viejo certificado de acciones. Harta del desprecio, rompió lazos con su familia. Pero no imaginaba que ese certificado valía cien millones, el último regalo de su padre. Ahora millonaria, su madre se arrepiente. ¿Perdonará tantos años de dolor?











