
Mateo Navarro fue expulsado de Villa Arroyo por aldeanos engañados. En la ciudad, su arte impresionó a un gourmet. El pueblo compró aceite envenenado y sufrió intoxicaciones. Suplicaron su regreso. Mateo fundó una cooperativa, venció al capitalista Arturo Montero y su aceite fue declarado patrimonio cultural. Donó sus ganancias y preservó su legado.











