
El oficinista Lucas Romero creyó que el mundo acabaría en 7 días. Harto, denunció a su jefe, renunció y besó por accidente a la CEO Clara Salazar. Creyéndolo un genio oculto, ella lo nombró jefe de la Unidad Anticorrupción. Impulsado por el "fin del mundo", Lucas destapó una red de corrupción y ambos se enamoraron. Pero el apocalipsis no llegó. ¿Pudo ocultar su farsa?











