
Una sequía azotó Aldea Morales, y el déspota Rubén Vargas agravó la crisis al desviar la única fuente de agua. Javier Morales regresó para enfrentarlo. Apoyado por el anciano Don Julio, desafió a Rubén y juró recuperar el agua y restablecer la justicia. La lucha por la justicia y la supervivencia de la aldea comenzó.











