
El Rey Dragón TZyrthos sufría una maldición mortal. Solo la leche de Vera, una humana, podía salvarlo. Para curar a su hijo Toby, ella entró en su guarida como nodriza. Ignoraba que era la cura que él buscaba y que el niño era sangre del dragón, concebido hacía un año. Él la deseaba con una sed feroz mientras ella luchaba por huir. Pero el destino ya había grabado este amor maldito en su sangre.











